20 años, 20 errores que vi repetir · 11

Mezclar SDR y ejecutivos de cuenta bajo la misma cuota

Dos oficios con relojes distintos, cortados por la misma tijera mensual. Se hace por prolijidad administrativa y se paga en el tramo donde más se pierde.

Roberto Jasinski 5 min de lectura

El equipo comercial crece y aparece la primera división del trabajo: hasta entonces la misma persona buscaba la conversación y la cerraba, y ahora un SDR se dedica a conseguirla y un ejecutivo de cuenta a llevarla hasta la firma. La decisión suele ser buena y casi siempre llega tarde, que es otra discusión. El error viene después y es administrativo: a los dos se los mide con la misma cuota. Un objetivo, un esquema, una planilla.

Conviene entender por qué se hace, porque no es pereza. Dos esquemas distintos son dos conversaciones distintas al cierre de cada mes, dos formas de calcular y de reclamar. Una cuota común lo resuelve de un saque: el número es el número, se alcanza o no, y nadie explica por qué a uno se le pide una cosa y al otro otra. Lo que se ahorra en planillas se paga en otro lado, aunque tarde unos meses en aparecer.

Lo primero que no coincide es el reloj. Quien prospecta termina su trabajo en la misma semana en que lo hace: la conversación se consiguió o no, y el lunes siguiente empieza de cero. Quien cierra trabaja sobre algo que se abrió hace meses y se facturará dentro de unos cuantos más. Son dos oficios con escalas de tiempo que no se tocan, y la cuota común los corta a los dos con la misma tijera mensual: uno mide lo que hizo, el otro mide lo que otro hizo hace medio año.

De ahí sale el subsidio, y va en las dos direcciones. Un mes en que entran firmas originadas mucho antes, el equipo llega al número y quien estuvo consiguiendo conversaciones cobra por un resultado ajeno a su mes. Un mes en que se abre más que nunca y no cierra nada, el que trabajó bien no cobra. La cuota mide un tramo del negocio con el calendario del otro tramo, y los dos lo saben antes de que alguien se lo explique.

Bajo una cuota común el traspaso no le pertenece a nadie: es el único tramo del proceso sin dueño, y es donde más se pierde.

Eso es lo que la cuota compartida borra, y es el tramo más caro de todos. Una conversación cambia de manos en un momento concreto: alguien la consiguió y alguien tiene que tomarla. Ese momento no es de ninguno de los dos, y con un objetivo común tampoco hace falta que lo sea, porque el número al que ambos responden está más adelante. Se entrega cuando el que abrió la considera lista y se toma cuando el que cierra tiene lugar en la agenda. En el medio hay alguien esperando que no figura en el objetivo de nadie.

La señal la busco siempre con la misma pregunta, y es una pregunta tonta: de quién era esta oportunidad que se enfrió. La hago sobre un caso cualquiera que quedó entre dos etapas. Nadie contesta, y no es que se cuiden: la respuesta no existe. El que la consiguió la entregó y siguió; el que cierra la recibió entre varias y no la priorizó; y como ambos responden por el mismo número, ninguno perdió nada propio cuando esa conversación se apagó. Una pérdida sin dueño no se revisa nunca.

Separar las cuotas parece un trámite de planilla y no lo es. En cuanto cada uno tiene un objetivo propio hay que decir dónde termina su trabajo: qué conversación cuenta como entregada y en qué condiciones el otro está obligado a tomarla. Esa frontera es la decisión que se venía evitando, y se evita porque no es técnica: fija qué clase de negocio vale la pena empezar. El día que cada uno responde por lo suyo, alguien tiene que escribir dónde empieza y dónde termina cada oficio.

El precio se cobra en rotación y llega puntual. El que prospecta suele ser el más joven del equipo y el primero en notar que su mes no depende de su mes. Un puesto donde el esfuerzo propio no tiene una línea propia se abandona rápido, y no por falta de aguante: no hay nada que construir ahí. Se va y se lleva lo único que no estaba escrito: el estado real de las conversaciones que había abierto. Se abre la búsqueda, se incorpora a alguien, se lo forma y se lo pone bajo la misma cuota que expulsó al anterior.


Prospectar y cerrar no son dos etapas del mismo trabajo: son dos oficios que comparten una base de datos. Medirlos con la misma vara no los integra: deja sin dueño el punto exacto donde uno termina y el otro empieza.

Nadie se va por una cuota difícil. Se va por una cuota que nunca fue suya.

RJ Roberto Jasinski Inteligencia Artificial · Data Science · CRM · Revenue Operations

¿El equipo se dividió y la cuota sigue siendo la misma?

Media hora sobre dónde termina un oficio y empieza el otro suele ordenar más que un esquema nuevo.