20 años, 20 errores que vi repetir · 05

Pagar comisión por «lead calificado» sin definir qué es calificado

El esquema de comisión no es el problema. El problema es que la palabra que dispara el pago no la definió nadie, y una palabra con dinero atrás se define sola.

Roberto Jasinski 5 min de lectura

El esquema se acuerda en una reunión corta y todos salen conformes. Se paga por cada lead calificado, se discute un rato cuánto vale la unidad y se cierra. Nadie pide que quede escrito qué significa «calificado», porque en esa mesa la palabra parece evidente y pedir precisiones suena a desconfianza. El error no es el esquema de comisión: es haber atado dinero a una palabra que nadie definió. Lo vi con equipos internos, con proveedores y con socios de canal, y termina parecido siempre.

Conviene entender por qué no se define en ese momento, porque no es descuido. Cuando se acuerda, la ambigüedad le sirve a los dos lados. Quien paga imagina la lectura más estricta —alguien con un problema real, con presupuesto y con apuro— y quien cobra imagina la más amplia, que es la única con la que el objetivo cierra. Los dos escuchan la misma palabra y entienden dos negocios distintos, ninguno de mala fe, y a ninguno le conviene abrir la discusión ahí: abrirla es renegociar el precio antes de haber empezado. Un vacío de criterio no cuesta nada el día que se firma.

Lo que viene después es mecánico. Una palabra sin definición, cuando tiene plata atrás, no se queda indefinida: se define sola. Quien cobra trabaja contra esa palabra todos los días y necesita una lectura operativa; la única disponible es la que le permite entregar. Cada caso dudoso —y son casi todos— se resuelve en la dirección que paga, no por una decisión sino por acumulación. El incentivo no corrompe a nadie: ocupa el lugar que dejó vacío la falta de criterio. Cualquiera, frente a una instrucción que admite dos lecturas y un objetivo que solo se alcanza con una, elige esa.

Una palabra con dinero atrás no queda indefinida: la redacta, día por día, quien cobra por ella.

Hay algo más, y es lo que vuelve distinto a este error. Una definición con comisión atada deja de describir y pasa a ordenar: no mide lo que entra, le indica al otro lado qué tiene que producir. Si la condición es que el contacto tenga cargo gerencial, vas a recibir cargos gerenciales, eso exactamente y nada alrededor. Si la condición es que haya pedido una demostración, vas a recibir pedidos de demostración de gente a la que se le ofreció una demostración para que la pidiera. Una definición que paga se cumple al pie de la letra, que no es lo mismo que cumplirse.

Y el conflicto no aparece al acordar ni durante la operación: aparece al cierre del mes, con la factura. Hasta entonces a nadie le convenía abrirlo, así que la primera vez que alguien se sienta a mirar qué está pagando ya hay una pila de registros cargados bajo una lectura que nunca se acordó. La conversación que correspondía tener antes del contrato se tiene ahí, sobre trabajo entregado y sobre dinero que la otra parte ya cuenta como propio. Es la misma conversación en su peor versión posible.

De ahí en adelante se discute el pasado, y por eso se pudre. Quien paga quiere ajustar la definición, convencido de que aclara algo obvio. Quien cobra escucha que le cambian la regla con el partido jugado, y no le falta razón, porque regla no había. Endurecer el criterio ahora no es precisar: es sacar de la mesa dinero por trabajo ya hecho. Así que la reunión termina con una fórmula que conozco de memoria, «lo afinamos el mes que viene», y mientras tanto el volumen se sigue produciendo con la lectura vieja, la única que existe. El criterio nuevo siempre empieza a regir después de la próxima discusión.

El arreglo que se intenta primero es sumar condiciones al formulario, y algo mejora: una condición que se verifica siempre es mejor que una que se opina. Pero con una comisión atada, la definición migra hacia lo que resulta fácil de comprobar y el incentivo migra con ella; terminás pagando por lo que se puede tildar, que rara vez es lo que te hacía falta. Y queda una parte que ningún campo resuelve: ponerse de acuerdo sobre qué es calificado obliga a decidir a quién le vendés, y acá esa decisión tiene precio inmediato y un perjudicado con nombre. Por eso se posterga más que ninguna otra.


Un esquema de comisión no es un incentivo: es una definición escrita con dinero. Cuando la palabra que dispara el pago queda abierta, lo que acordaste no es un acuerdo sobre resultados. Es un acuerdo sobre volumen, y todavía no lo sabés.

No le pusiste precio a un lead calificado. Le pusiste precio a una palabra, y el diccionario lo tenía el otro.

RJ Roberto Jasinski Inteligencia Artificial · Data Science · CRM · Revenue Operations

¿El esquema de comisión paga por algo que nadie escribió?

Media hora sobre qué dispara el pago suele ordenar más que revisar la factura del mes.