20 años, 20 errores que vi repetir · 20

Armar un equipo de RevOps con gente que solo sabe configurar

Configurar se aprende, se certifica y se comprueba en una entrevista. El criterio no tiene examen, así que se contrata lo que se puede evaluar.

Roberto Jasinski 5 min de lectura

El error no se comete el día que el equipo trabaja mal. Se comete antes, cuando se escribe el aviso de la búsqueda. Ahí aparece todo lo que se puede comprobar —qué plataformas maneja, qué certificaciones tiene— y no aparece, porque nadie sabe cómo redactarlo, lo único que después distingue a esa área de una mesa de pedidos: que sepa cuándo no hacer lo que le piden.

La omisión tiene una explicación honesta. Configurar se aprende, se certifica y se verifica en una entrevista: hay un examen, hay un caso de prueba y en media hora se ve si sabe. El criterio no tiene examen. No hay forma de confirmar que, dentro de seis meses, va a frenar un pedido mal planteado de la dirección. Se contrata lo que se puede evaluar y se supone que el resto aparece con el tiempo.

Conviene decirlo sin vueltas, porque suele leerse como desprecio y no lo es: configurar bien es un trabajo difícil, específico y escaso. Quien conoce a fondo una plataforma evita deuda que después cuesta años sacarse de encima. El error no es incorporar a esa persona: es suponer que con varias personas así el área ya quedó formada.

Lo que pasa después es tranquilo, y por eso cuesta verlo. Un equipo que solo ejecuta convierte cada pedido en una tarea y ninguno en una pregunta. Ventas pide un campo nuevo; se crea. Marketing pide una automatización de seguimiento; se arma. Dirección pide el pipeline abierto por región; se entrega, y encima rápido. Nadie se queja y todos los indicadores del área dan bien. Mientras tanto la empresa automatiza cada vez más rápido aquello que nunca terminó de decidir.

Un área que ejecuta todo lo que le piden no frena nada: acelera en la dirección que nadie eligió.

El perfil que hace falta se reconoce por una frase incómoda: «esto no se configura hasta que alguien decida tal cosa». No se puede automatizar la asignación de oportunidades mientras no esté definido qué oportunidad acepta ventas; no se puede armar el tablero de pipeline mientras dos áreas le den nombres distintos a la misma etapa. Devolver el pedido no es negarse a trabajar: es la única forma de que se resuelva de verdad y no vuelva, con otro nombre, más adelante.

Esa frase exige algo que ninguna certificación entrega. Devolver un pedido es un acto de autoridad, y el que pide casi siempre tiene más jerarquía que quien tendría que devolverlo. Un área de operaciones que cuelga de ventas no le discute un pedido al director comercial. Aprende rápido cuál de las dos cosas se agradece —la tarea entregada— y cuál produce silencio. Sin esa autoridad, la persona más capaz que se pueda incorporar termina de ejecutora, o se va: entendió que la contrataron para tener razón en privado.

Hay algo que el aviso no puede pedir. El criterio para saber qué no hay que configurar se forma mirando las consecuencias de haberlo configurado igual: el campo que se creó para un reporte y quedó vacío, la automatización que ejecutó de manera impecable una regla que ya no se cumplía, el tablero perfecto que nadie discutió porque nadie lo entendía. Eso no entra en un examen; se acumula. La empresa que rota ese equipo cada dos años se queda sin la única parte que no podía comprar hecha.

La señal no está en los resultados: está en la agenda. Un equipo de operaciones con lista de pedidos en lugar de agenda propia es una mesa de soporte con otro nombre. Si en la reunión semanal solo se revisa cuántos pedidos entraron y cuántos se cerraron, el área mide su velocidad, no su aporte. La otra versión llega con dos o tres asuntos que nadie encargó: una definición que no cierra, un traspaso sin dueño, un incentivo que empuja para el lado contrario.

Por eso la corrección no pasa por cambiar de persona. Si se reemplaza a quien ejecuta sin tocar de dónde cuelga el área ni qué pedidos puede frenar, se contrata el mismo puesto con otro currículum. Lo que hay que resolver antes de abrir la búsqueda no es un perfil: es a quién le responde ese equipo y qué tiene permitido devolver cuando el pedido mal planteado viene de arriba. No es una competencia que alguien traiga: es una decisión que la empresa toma o no toma.


Una certificación dice que alguien sabe hacer lo que se le pide. Nunca dice si va a avisar que lo que se le pide no habría que hacerlo. Lo primero se evalúa en una entrevista. Lo segundo se permite, o no se permite.

Se puede contratar a alguien que sepa configurar cualquier cosa. Lo que decide es qué pasa el primer día que dice que así no.

RJ Roberto Jasinski Inteligencia Artificial · Data Science · CRM · Revenue Operations

¿El equipo entrega todo lo que le piden y nada cambia?

Media hora sobre qué pedidos puede frenar suele aclarar más que otra contratación.