20 años, 20 errores que vi repetir · 18

Firmar licencias anuales por asientos que nadie va a usar

El descuento por volumen convierte una proyección optimista en un compromiso firmado. Ahí el error deja de ser de planeamiento y pasa a ser de caja.

Roberto Jasinski 5 min de lectura

Este error no se comete el día en que alguien no abre la aplicación. Se comete antes, frente a una cotización donde el precio por asiento baja a medida que sube la cantidad. Ahí la conversación deja de ser sobre quién necesita la herramienta y pasa a ser sobre cuánto se ahorra comprando de más. Es el momento exacto en que una empresa compra capacidad futura y la anota como si fuera un plan.

La aritmética que convence es siempre la misma y es honesta dentro de su terreno: dividido por asiento y por mes, el salto no es nada. Cualquiera lo firma sin pensarlo mucho. El problema es que la cifra que se mira para decidir no es la cifra que se firma: se decide sobre un monto mensual por persona y se compromete un total anual por la empresa entera.

Lo que vuelve caro el asiento vacío no es el asiento. Es que el plan que lo justificaba vive en una diapositiva y el contrato, en la contabilidad. Uno es una hipótesis, y una hipótesis se corrige; el otro es una obligación, y se paga aunque la hipótesis no se cumpla. Ahí el error deja de ser de planeamiento y pasa a ser de caja.

Conviene ser claro con algo. El descuento por volumen es una oferta legítima y hace exactamente lo que promete: premia un compromiso, porque un compromiso vale. Nadie engaña a nadie. Lo que importa es qué se entregó a cambio: flexibilidad, que era lo único que había que conservar mientras no se supiera cuántas personas iban a abrir eso.

Después está la economía del apuro. El trimestre del vendedor cierra en una fecha, y esa fecha no tiene nada de ilegítimo: es su trabajo, y todos trabajamos contra un calendario. El error propio es dejar que el calendario ajeno fije la fecha de una decisión que todavía no está tomada. Vi firmar contra ese reloj muchas más veces de las que vi firmar contra un plan de incorporaciones escrito.

El asiento que nadie abrió no es dinero perdido: es la prueba de una decisión de crecimiento que no ocurrió.

Esa es la parte que casi no se conversa. El asiento sin usar no es solamente un costo: es el registro de algo que la empresa dijo que iba a hacer y no hizo. Las incorporaciones que se postergaron, el territorio que no se abrió, el equipo que iba a duplicarse y quedó igual. Por eso el reporte de licencias asignadas es uno de los documentos menos leídos que hay: no informa sobre una herramienta, informa sobre un plan. Mirarlo obliga a decir en voz alta qué pasó con ese plan.

Al año siguiente la renovación se negocia desde un lugar peor. Del otro lado saben con precisión cuántos asientos se usaron y desde cuándo; lo saben mejor que uno, porque el dato lo genera el producto. De este lado queda un solo argumento y es autoincriminatorio: pedir una rebaja porque no se usó lo comprado es contar que se compró de más. Encima aparece el miedo a bajar un escalón de volumen, que es el mismo mecanismo que llevó a comprar de más la primera vez.

Hay además una distorsión silenciosa. El asiento vacío empieza a buscar ocupante. Se reparten accesos a personas que no los pidieron para que el reporte de uso mejore antes de la renovación, y aparece la frase que se repite en todas: «ya que lo pagamos, aprovechémoslo». Una herramienta que se distribuye para justificar su costo dejó de estar al servicio de un problema y pasó a estar al servicio de una factura.

La pregunta que ordena esto es más pobre de lo que parece, y por eso incomoda: cuántas personas van a abrir esto la semana que viene. No en el mejor de los escenarios, no si se cumple el plan. La semana que viene. Cuando la respuesta honesta queda muy por debajo de lo que se está por firmar, lo que se compra no es una herramienta: es una apuesta sobre el propio plan de incorporaciones, hecha con plata de la empresa y sin llamarla apuesta.

La objeción llega sola: ¿y si en unos meses hacen falta más? Entonces se pagan más caros, y está bien que así sea. Ese sobreprecio es el costo de no haber sabido, y sale más barato que el otro, que se paga entero, por adelantado, y que nadie vuelve a mirar hasta la renovación.


Un plan de crecimiento es una hipótesis y se revisa. Un contrato anual es una obligación y se cumple. Todo este error cabe en haber confundido el momento de escribir uno con el momento de firmar el otro.

Nadie compra asientos vacíos. Se compran llenos, con el equipo que todavía no se contrató.

RJ Roberto Jasinski Inteligencia Artificial · Data Science · CRM · Revenue Operations

¿Estás por firmar por asientos que todavía no tienen ocupante?

Media hora sobre quién va a abrir la herramienta la semana que viene ordena más que otra ronda de cotizaciones.