20 años, 20 errores que vi repetir · 13

Comprar el módulo de IA antes de tener los datos ordenados

El módulo se aprueba porque se puede anunciar. Ordenar el registro que va a leer, no. Y el modelo aprende de lo que hay, no de lo que se describe en la reunión.

Roberto Jasinski 5 min de lectura

La compra se aprueba rápido, y no por liviandad: el módulo es una decisión que se puede tomar. Tiene nombre, costo, una demostración que sale bien y una fecha en la que se enciende. Ordenar los datos no tiene nada de eso. No se demuestra en una reunión, no termina del todo y, sobre todo, no se puede anunciar. Cuando las dos compiten por el mismo presupuesto, gana la que se puede contar hacia afuera.

Lo que casi nunca se dice en esa reunión es qué recibe el módulo el día que se enciende. No recibe el negocio: recibe el registro del negocio, que es otra cosa. Ese registro no se escribió para que lo leyera un sistema: se escribió para cerrar una tarea, para poder avanzar una etapa, para que el tablero del lunes no quedara en rojo. Detrás de cada campo hay una persona apurada y un motivo que no era la exactitud.

Por eso un modelo entrenado ahí aprende algo distinto de lo que se le pidió. Aprende que las oportunidades cambian de etapa en los últimos días del mes, que el motivo de pérdida más frecuente es el primero de la lista desplegable y que la fecha de cierre se corre un mes cada mes. Nada de eso es información sobre los clientes: es información sobre el equipo. El modelo no distingue una cosa de la otra, y hace lo único que sabe hacer: reproduce el patrón que encontró, sin ninguna duda al respecto.

Un modelo entrenado sobre ese registro no aprende cómo vende tu empresa. Aprende cómo se completan los campos.

Esta generación de herramientas trae un agravante propio. Un dato malo solía producir un número raro en una planilla, y un número raro se nota. Hoy produce un párrafo bien escrito, sin titubeos, que no trae ninguna marca que distinga lo que el sistema sabe de lo que el sistema completó. La respuesta tiene la misma firmeza en los dos casos, y esa firmeza es lo primero que se lee.

Y ahí se invierte la carga de la prueba: la seguridad del texto se toma como un veredicto sobre los datos. Si el sistema pudo contestar eso, por algo será; el registro debía estar mejor de lo que pensábamos. Es exactamente al revés: la herramienta contesta siempre, tenga o no con qué. Su fluidez no es evidencia de nada, y aun así es lo que tranquiliza a la mesa.

La señal de que el problema estaba abajo aparece temprano y es inconfundible. Se muestra el primer resultado y la primera reacción de alguien no es preguntar qué hacer con eso, sino decir que ese dato está mal. Casi siempre tiene razón. Lo que sigue es lo que hunde el proyecto: la reunión deja de tratar sobre el negocio y pasa a tratar sobre si la herramienta sirve. Se pone en juicio al modelo para no poner en juicio al registro, que es la discusión incómoda, la que tiene nombres propios.

Porque ese trabajo tiene dueño y nadie lo quiere firmar. Decidir qué se registra, quién lo registra y en qué momento no es una tarea técnica: es sacarle a cada área la ambigüedad que hoy la protege. Un campo definido con precisión es un campo donde alguien queda expuesto. Mientras «calificado» signifique una cosa distinta en cada escritorio, nadie se equivoca nunca. Así el asunto termina delegado al área de sistemas, que puede unificar formatos y detectar duplicados, pero no puede decidir qué significa una palabra dentro de una empresa.

Conviene aclarar lo que no estoy diciendo, porque la conclusión fácil es peor que el error que describe. No hace falta esperar a tener los datos impecables: ese día no llega, y la empresa que lo espera no incorpora nada nunca. Lo que cambia el resultado es el orden de las preguntas: primero qué decisión se quiere tomar mejor, después qué puñado de campos hacen falta para tomarla y quién responde por cada uno. No hay que ordenarlo todo: hay que ordenar aquello sobre lo que se va a preguntar.

Lo caro de este error no es el módulo, que además suele ser la parte barata. Es la sensación de haber avanzado. Mientras dura, el registro se sigue llenando igual, con los mismos apuros de siempre, y lo que habría que rehacer para que el modelo tenga otra cosa que leer se vuelve más grande cada mes. La deuda no se congela mientras se paga la licencia: se sigue acumulando, un campo por vez.


La inteligencia artificial no ordena un registro. Lo lee. Y lee el que existe, no el que se describe en la reunión de dirección.

La herramienta no hereda tu negocio. Hereda tu registro, que nunca fue lo mismo.

RJ Roberto Jasinski Inteligencia Artificial · Data Science · CRM · Revenue Operations

¿Vas a encender un módulo de IA sobre el registro que ya tenés?

Media hora sobre qué se registra, quién y cuándo suele aclarar más que otra demostración.