Diario de un consultor de RevOps · 05

La misma diapositiva de pipeline, una y otra vez

Aparece en toda revisión de resultados, nadie pregunta nada y la reunión sigue. Ese silencio es el dato.

Roberto Jasinski 5 min de lectura

Si tuviera que elegir la imagen que más veces vi proyectada en una sala de reuniones, no dudaría: el embudo de colores con el pipeline abierto por etapa. Aparece siempre en el mismo lugar, apenas después de los números del período, y se queda en pantalla el tiempo justo para que todos asientan. Después nadie pregunta nada.

Durante años leí ese silencio como acuerdo. Me llevó bastante entender que era otra cosa: la lámina no ofrece ningún borde por donde agarrarla. Nadie está conforme ni disconforme; no hay nada para objetar, porque tampoco hay nada afirmado. Un gráfico al que no se le puede hacer una pregunta incómoda no informa: ocupa el lugar donde iba la información.

El motivo es simple. Esa imagen muestra un estado y no un movimiento: dice cuánto hay hoy en cada etapa, como el nivel de un tanque. Y lo que una revisión de pipeline necesita decidir vive entero en el movimiento —qué entró desde la última vez, qué salió y por qué, qué sigue exactamente donde estaba—. El nivel del tanque no distingue el agua que circula de la que está estancada.

Por eso, mientras la lámina sigue en pantalla, pregunto siempre lo mismo:

—¿Cuál de estas barras se movió desde la reunión anterior, y por qué?

Ahí la reunión se detiene. No porque la pregunta sea difícil, sino porque la respuesta no está en la pantalla: está repartida entre varias memorias, o directamente no está. Lo que sigue suele ser una reconstrucción de buena fe, en voz alta, sobre la marcha. Justo lo que la diapositiva debería haber evitado.

Lo que más me inquieta es otra cosa. Un período en el que se cerró bien y se descartó a tiempo lo que no iba, y otro en el que no se movió nada, pueden dibujar barras casi idénticas. El mejor mes del año y el peor se parecen ahí arriba, y cuando una imagen no distingue esas dos realidades, el problema dejó de ser el pipeline.

Y después está el degradé. La forma de embudo trae una promesa incorporada: que cada etapa sea más chica que la anterior es una ley natural y no el saldo de decisiones que nadie revisó. El gráfico le presta orden a un proceso que a lo mejor no lo tiene. Nadie lo hace de mala fe: el degradé venía con la plantilla. Pero cuando la pieza más vistosa de una presentación es la que menos se discute, conviene sospechar de la pieza.

El embudo no describe el proceso. Le presta una forma que el proceso nunca tuvo.

Que la lámina sea pobre no es lo raro. Lo raro es que sobreviva intacta, y la respuesta está en el encargo: se arma para informar, no para decidir. Quien la presenta tiene que mostrar que el pipeline está bajo control, y una imagen que abriera preguntas jugaría en su contra. Así se hereda de una presentación a la siguiente: se actualizan los datos, no la pregunta. Como nadie pregunta, cumple con lo que se le pidió.

Quiero ser justo con el gráfico. Como pieza de comunicación está bien: alguien que llega nuevo entiende de un vistazo cómo está organizado el negocio. El problema no es que exista, es el lugar que ocupa: es lo único que se mira sobre el pipeline en la única reunión donde el pipeline se puede mover. Y ese lugar no se lo ganó por lo que muestra, sino por lo cómodo que resulta mirarlo.

Si me dejaran cambiarla, no pediría un tablero más: pediría que muestre movimiento. Lo que entró y lo que salió desde la vez pasada, con el motivo de salida escrito. El tiempo que lleva quieto cada negocio en su etapa, el dato que casi nadie mira y el único accionable hoy mismo. Y qué pasó con lo prometido la reunión anterior. Nada de eso queda lindo en pantalla, y todo eso obliga a hablar de casos con nombre.

Le agregaría una regla incómoda: la diapositiva no se da por presentada hasta que alguien nombre una decisión que salió de ella. Un negocio que se descarta, una etapa que se revisa, un dueño que cambia. Si de una lámina no sale ninguna decisión dos veces seguidas, se saca; no porque moleste, sino porque se lleva los minutos de la única conversación donde el trimestre todavía se podía corregir.


Una revisión de pipeline no se mide por lo que se mostró, sino por lo que se decidió mientras estaba en pantalla. Con esa vara, la diapositiva más repetida de todas es también la más cara: se lleva el mejor momento de la reunión y no devuelve nada.

Esa diapositiva no muestra el pipeline. Muestra hace cuánto que nadie le pregunta nada.

RJ Roberto Jasinski Inteligencia Artificial · Data Science · CRM · Revenue Operations

¿Tu revisión de pipeline termina sin ninguna decisión? Empecemos por ahí.

Una conversación sobre qué tiene que mostrar esa reunión suele valer más que rehacer la presentación.