20 años, 20 errores que vi repetir · 19

Delegar la elección del CRM al área de sistemas

El área técnica evalúa bien lo que le corresponde. El error no es de ellos: es de quien les pasó una decisión que nunca fue técnica.

Roberto Jasinski 5 min de lectura

La frase llega con una calma que la vuelve difícil de discutir. La empresa va a cambiar de CRM y el área de sistemas está evaluando alternativas; en unas semanas trae una recomendación. Nadie hizo nada raro y justamente por eso el error pasa desapercibido. La decisión importante ya se tomó, y no fue qué plataforma: fue quién elige. Porque quien elige define, sin proponérselo, qué criterio gana.

Conviene decirlo sin vueltas, porque casi siempre se entiende al revés: el área de sistemas evalúa bien. Mira el modelo de permisos y qué pasa con los datos personales, cómo se integra con lo que ya está andando, si hay soporte real en la región, qué cuesta sacar la información el día que haya que sacarla y cuánto sale de verdad el conjunto, no la licencia. Nadie más mira eso con ese rigor, y saltearlo se paga. Todos esos criterios son verdaderos y ninguno contesta cómo vende la empresa.

Delegar no es un error de organigrama. Es una forma de no decidir. Elegir un CRM obliga, antes que a cualquier otra cosa, a escribir qué merece llamarse oportunidad, qué tiene que ser cierto para que avance, quién responde cuando pasa de un equipo a otro. Esa conversación es incómoda, no tiene fecha de cierre y termina con alguien perdiendo una discusión. Mandarla al área técnica la convierte en algo mucho más manejable: un proyecto, con cronograma y con responsable. La dirección se saca de encima una decisión y se queda con un entregable.

Sin esas definiciones escritas, la evaluación se transforma en una comparación de funcionalidades, porque es lo único que queda comparable. Aparece la grilla: los proveedores en columnas, las capacidades en filas, las tildes. Todas las plataformas serias tildan casi todo, así que la elección se resuelve por diferencias que no van a importar nunca. La fila que sí importaría —qué tiene que pasar para que una oportunidad avance de etapa— no está, y no está porque no es una funcionalidad: es una decisión de la empresa que ninguna plataforma trae adentro. Se compara lo comparable, y lo comparable no era el problema.

Una grilla de funcionalidades compara plataformas entre sí. Nunca las compara contra el negocio, que era lo único que faltaba saber.

Después llega la consecuencia que casi nadie anticipa, y es la más cara: quien elige termina siendo dueño del sistema. Es lo natural. Lo evaluó, lo implementó, lo conoce, lo sostiene cuando se cae. A partir de ahí, cada cambio en cómo vende la empresa pasa por un área que no responde por el ingreso. Su cola de trabajo se ordena por criterios legítimos —estabilidad, seguridad, no romper lo que funciona, las urgencias del resto de la organización—, y ninguno de esos criterios tiene por qué llevar el ritmo del trimestre comercial.

La señal de que esto ya ocurrió es siempre la misma y es fácil de reconocer: para modificar una etapa del embudo hay que abrir un ticket. Un cambio de criterio comercial, que era una decisión de dirección, se convirtió en un pedido esperando turno detrás de otros pedidos. Y como espera, el equipo comercial deja de pedir. Ahí nacen la planilla paralela, el campo de notas donde se guarda lo que el sistema no contempla y el informe que alguien rehace manualmente cada cierre de mes. El sistema deja de reflejar cómo vende la empresa y pasa a reflejar lo que se pudo pedir a tiempo.

Cuando el resultado decepciona, el reclamo va al lugar equivocado. Se dice que sistemas eligió mal, y no es cierto: eligió bien lo que le correspondía, con la información que le dieron. Lo que faltó nunca estuvo del lado técnico, y el área que tenía que aportarlo estuvo presente todo el tiempo, aprobando el cronograma y firmando el contrato.

La separación útil es otra, y es bastante simple. Los criterios del área de sistemas son de veto, no de elección: alcanzan para descartar una plataforma —no cumple con la política de datos, no conversa con facturación, el costo total no se sostiene— y no alcanzan para elegir entre las que quedaron en pie. Esa segunda parte solo la puede hacer quien responde por el ingreso, y se hace de una manera concreta: escribiendo cómo vende la empresa antes de mirar la primera demostración, y recién después preguntando cuál de las opciones puede representar eso sin pelearse. Es exactamente el trabajo que se estaba evitando, ahora con un proveedor esperando la firma.


Ninguna plataforma se elige sola. Tampoco se elige sola una definición. Delegar la elección parece trasladar una tarea técnica; lo que traslada es la única parte que nunca lo fue.

La herramienta termina pareciéndose a quien la eligió, no a quien la usa.

RJ Roberto Jasinski Inteligencia Artificial · Data Science · CRM · Revenue Operations

¿Para cambiar una etapa del embudo hay que abrir un ticket?

Esa señal rara vez es un problema de configuración: es de quién quedó a cargo de decidir.